En busca de la paz por Claudia Luna

pelotas-sonrientes

*CLAUDIA LUNA PALENCIA

Afortunadamente se está formando una subgeneración de chicos y chicas que dentro de un mundo tan profundamente materialista están recuperando las tornas acerca de lo relevante que es rescatar el concepto de individuo, persona y familia en un sistema que deja poco espacio para el silencio.

La publicidad junto con la mercadotecnia nos han educado para ser en masa y para consumir tal o cual producto como si fuésemos una especie de sociedad homogénea, unos tarados robotizados algo así como lo relatado en el libro de ciencia ficción de Aldous Huxley “Un mundo feliz”, que narra existencias precondicionadas y clasificadas en castas, entre los que mandan y los que obedecen.

Nada ajeno al clásico movimiento del rebaño: unos gobernarán y otros aguantarán. Estos días son de profundas reflexiones, una especie de alto en el camino para hacer un recuento de los daños, relamerse las heridas y autofelicitarse por los pasos dados –pequeños o grandes-, lo importante es que sean siempre lo más firmes posibles.

Es verdad, no lo podemos negar, desde que inició el nuevo siglo y milenio lo hemos hecho con el pie izquierdo, el cristal más nítido de nuestra Civilización se ha llenado del vaho del terrorismo, la incertidumbre y el miedo.

Nunca como ahora nos sentimos nuevamente más cerca de un gran conflicto mundial, hay que decirlo con todas sus letras, para un sector ha regresado la Guerra Fría con sus fantasmas y demonios; para otro, no es así.

Hace unos días entrevisté en exclusiva a Yuri Korchagin, embajador de la Federación de Rusia en el reino de España, sucedió un par de días antes del lamentable asesinato a sangre fría de Andréi Kárlov, embajador de Rusia en Turquía.

A diferencia de otras décadas estamos siendo testigos mediáticos de acontecimientos que amenazan con cambiar el rumbo de las cosas, y para mal… lo vimos petrificados desde los televisores aquella mañana aciaga y desasosegada del 11 de septiembre de 2001, con dos aviones estrellándose contra las Torres Gemelas. Nos dejaron incrédulos, boquiabiertos, helados. Vimos en directo la invasión de Irak por parte de Estados Unidos y su coalición aliada, entró el ejército a los palacios dorados, llegaron hasta los aseos con grifos de oro; atestiguamos el derribo de sendas estatuas de Saddam Hussein.

Hemos visto el dolor del drama sirio, fundamentalmente desde las redes sociales porque hacer periodismo entre fuego cruzado ha alejado de esta guerra a muchos corresponsales. Lo que sabemos, lo sabemos de forma oficial por Rusia y esencialmente por los sirios con Twitter y Facebook.

Nos faltaba ver abatido a tiros al diplomático Kárlov en plena inauguración de una exposición fotográfica en Ankara por no obviar que Donald Trump ha hecho de su cuenta de Twitter su arma política y de comunicación.

Sí nos sentimos apesadumbrados, apenas atisbamos un soplo de recuperación y el ambiente internacional se nos enturbia, ese subgrupo de jóvenes al que hago alusión de las nuevas generaciones está harto cansado de tantos problemas, de sentirse mal aprovechado en las empresas, de que sus sueños dependan de caer bien al patrón; de vivir en urbes contaminadas, con tráfico, servicios más caros simplemente quieren una vía de escape.

A COLACIÓN

¿Hacia dónde vamos? Esta semana amigo lector dedicaré una columna para narrarle mi entrevista con Korchagin, por lo pronto le comento que, desde su visión, hay una resistencia del mundo unipolar para pasar a otro multipolar.

Como también hay una mala propaganda para que todos creamos que los rusos son siempre los malos de la película como cuando James Bond en alguna filmografía se enfrentó a ellos.

Estados Unidos quiere seguir siendo el policía del mundo y además promover cambios en la aldea global que, por supuesto, le sean del todo favorables.

Ya que se va Barack Obama con su Nobel bajo el sobaco nos damos cuenta todo lo que dejó a medias, nada de lo que empezó en el terreno de la diplomacia y las relaciones internacionales lo terminó a cabalidad.

Se va y deja todo en vilo: las relaciones con Cuba, el TTIP, las relaciones militares con la Unión Europea, su apoyo a Israel, la política del palo y de la zanahoria con México; su taciturna visión acerca de Siria.

En estos ocho años, la Primavera Árabe promovida desde la CIA y bajo la sonrisa amigable de Obama nos ha legado un desastre dentro del mundo árabe contaminado por múltiples células terroristas que, además, se han diseminado hasta Europa y otros partes de la aldea global.

Por eso subrayo, qué bien hace la generación que no quiere ser tratada como conejillo de indias en desmarcarse del materialismo y huir lo más pronto posible de las grandes urbes en busca de su propio destino y también de una paz que quizá -si se aíslan-, encuentren en el fondo de una cueva en Nerja.

@CLAUDIALUNAPALE

 

Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*