Cristo y Mitras

Por Isaac Bigio

Venimos de celebrar, como cada 25 de diciembre, la mayor fiesta religiosa del mundo. Sin embargo, antes que en el siglo IV la iglesia decretase dicha fecha como el natalicio de Jesús, ese era el día feriado en que se conmemoraba el nacimiento del dios pétreo Mitras.
Su  culto se daba mucho antes de la biblia y de cualquiera de los grandes libros sagrados del mundo. Mitras está asociado al sol y los últimos días de diciembre siempre en el hemisferio norte pues marcan el solsticio invernal cuando a partir de entonces los días dejan de acortarse para irse ampliando inaugurando un nuevo ciclo anual agropecuario.
La figura de Mitras ha ido variando mucho desde que éste era adorado en la India previa a los Vedas para luego haberse tornado una de las deidades de Persia y de los ‘Magi’ (los ‘reyes magos’ zoroastrianos que fueron a recibir al niño Jesús).

Las legiones romanas que fueron al oriente adoptaron a Mitra pero fusionándolas con nuevas características propias de su cultura, donde se esparció por todo el imperio expresando a muchos de sus oficiales y élites y teniendo mucha feligresía en Roma capital.
Mitras no era un dios del Olimpo greco-romano. Su imagen aparecía como surgiendo de una roca o estocando un cuchillo sobre un toro cuya sangre tenía efectos purificadores.
Mitras era un apuesto joven que nació en cuna humilde en una cueva rodeado de ganado. Su madre era una virgen y él era el hijo del dios supremo que venía a mediar entre los hombres y que resucitó.
Las ‘misas’ a Mitra se daban los domingos (días del sol y no los sábados, tal como lo practicaron Jesús y los primeros cristianos) y en lugares rectangulares en catacumbas. Los mitraístas practicaban el ‘bautizo’ de agua, consumían vino en sus ritos y tenían una estructura sacerdotal similar a la que adoptaría la iglesia ortodoxa.
A diferencia del cristianismo, popular entre los pobres e inmigrantes, el mitraísmo no podía ser una religión masiva pues su culto era selectivo, solo-para-varones y se basaba en 7 escalas de iniciación, pero cuando Roma optó por el cristianismo como religión oficial incorporó dentro de ésta a elementos y rituales del mitraísmo y de otras creencias.  El catolicismo incorporó a las mujeres en sus servicios, aunque sentadas aparte y sin que pudiesen ser sacerdotes.
Hoy ya nadie venera al dios mitra aunque si muchos al Papa en cuya cabeza tiene una mitra.


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