Dagmar Hagelin:Memoria que no deben perder Latinoamerica sobre Derechos Humanos y Democracia

La chica fue secuestrada y asesinada por los militares de la última dictadura argentina

“operaciones de seguridad nacional como indagar por caso de senadora que incitó a golpe de estado desde México no violan la ley”.

“Operaciones de seguridad nacional como indagar por dineros del chavismo a ex mujer de Petro no violan la ley”.

“María del Pilar ha sido una funcionaria proba”.

Ex Presidente y Senador de ultraderecha, Álvaro Uribe Vélez, refiriéndose a la detención de su ex colaboradora María del Pilar Hurtado, ex Directora del turbio organismo estatal colombiano, Departamento Administrativo de Seguridad – DAS, acusada de interceptaciones y seguimientos ilegales a dirigentes izquierdistas, opositores, periodistas y hasta Magistrados de las altas cortes, realizados durante su gobierno.

Bogotá D.C., Febrero 11 de 2015. Hace poco, la Cancillería de la Argentina desclasificó un paquete de documentos que eran considerados “secretos” y que se refieren al secuestro y la desaparición de la ciudadana sueco – argentina Dagmar Ingrid Hagelin, ocurrido durante un operativo de un grupo de tareas de la Armada Argentina en enero de 1977 en la localidad de El Palomar, en la zona oeste del Gran Buenos Aires, cuando la chica tenía tan solo de 17 años. Casos como el de Dagmar Hagelin, deben mantener en la memoria de los pueblos el peligro que representan para los más altos ideales de libertad, democracia y respeto a los Derechos Humanos, aquellas ideologías políticas radicales que se consideran dueñas de una única verdad y que a partir de esto creen que el fin, (su propio fin), constituye la justificación de los medios, por obscuros y siniestros que sean, que usen para alcanzarlo. Paralelos actuales hacen urgente e imprescindible que las nuevas generaciones conozcan estas historias para que nunca lleguen a vivir lo que sus padres y abuelos vivieron.

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Dagmar Hagelin

Los documentos divulgados por la Cancillería argentina, hablan de la búsqueda desesperada de un padre, Ragnar Hagelin, por encontrar a su hija adolescente, Dagmar Ingrid Hagelin, desaparecida el 27 de enero de 1977, tras ser secuestrada por militares de la dictadura ultraderechista en el poder, y como pese a sus esfuerzos y al del gobierno sueco, siempre se encontró con la fría e inhumana respuesta de las autoridades: “No figura en los registros de detenidos”.

Las notas cruzadas entre la Corona Sueca y sus pares en la dictadura argentina, son formales y lacónicas. Los siniestros ostentadores del poder espurio de la ultraderecha militar argentina, siempre decían lo mismo, indicando que estaban realizando “ingentes esfuerzos” para encontrar a la jovencita, y se refieren al hecho como “la supuesta desaparición de la ciudadana argentina nativa Dagmar Ingrid Hagelin”, reiterando que no figura en los registros de detenidos “vinculados con la guerrilla y la subversión”.

Los represores manifiestan su orgullo por la “eficiencia” con que tratan los registros de subversivos detenidos, lo cual se traduce en sus éxitos en luchar contra el comunismo en su país, y declaran que “Estos registros son claros, precisos y permanentemente actualizados, lo que da como resultado un conocimiento exacto de la situación de cada detención así como la tramitación de las investigaciones que se realizan respecto de las supuestas desapariciones”.

Y luego reiteran “En cuanto al caso de la señorita HAGELIN no existen constancias oficiales de que hubiera sido detenida por fuerzas de seguridad, como tampoco se ha podido precisar su paradero”. Versión oficial sostenida en los tiempos más obscuros de la historia latinoamericana en todos los países que sufrieron el despotismo y la barbarie de la bota militar ultraderechista o la de los políticos civiles radicalizados y alineados durante la Guerra Fría.

La desaparición de Dagmar Hagelin

Corrían tiempos turbulentos para América Latina, era la Primavera de los Dictadores, gobiernos corruptos sostenidos desde los Estados Unidos, para usarlos en su lucha contra la denominada “amenaza comunista”, misma que llevó al mundo al borde de una Tercera Guerra Mundial termonuclear, y que se tradujo en actos de barbarie desde Vietnam y Camboya, hasta Chile. En Colombia, en uno de sus muchos avatares, se vivió como la época del Estatuto de Seguridad, aunque siempre adoptó la forma de gobiernos civiles bajo un permanente “Estado de Sitio” constitucional para enfrentar al “Enemigo Interno”.

En Argentina ese horror se conoció como Proceso de Reorganización Nacional, pomposo nombre dado a la dictadura cívico-militar que se mantuvo a sangre y fuego en el poder entre 1976 y 1983.

Ese era el contexto que le tocó vivir a Dagmar Ingrid Hagelin, una jovencita nacida en Buenos Aires. Su padre biológico era Ragnar Hagelin, un ciudadano chileno, de ascendencia sueca, que se nacionalizó argentino y posteriormente sueco.

Dagmar, vivía en Buenos Aires, junto a su madre y al esposo de esta, Edgardo Waissman, abogado defensor de presos políticos. Tal vez por su corta edad, 17 años, no existen muchas referencias sobre su vida, solo se sabe que algunos la recuerdan como “una atleta avanzada”.

En el año de 1977, Dagmar residía en una pensión de Buenos Aires, ubicada en la Calle Bermúdez N° 5261, Villa Bosch, en el partido de Tres de Febrero.

Durante sus vacaciones de verano en Villa Gesell, localidad costera cabecera del partido homónimo, ubicada en el extremo este de la provincia de Buenos Aires, en el centro-este de la Argentina, sobre las costas del mar argentino, Dagmar, conocería a Norma Susana Burgos, quien era a la sazón, esposa de Carlos Caride, uno de los fundadores de la organización guerrillera Fuerzas Armadas Peronistas y posterior militante de la agrupación Montoneros.

La relación entre Carlos Caride y Norma Susana Burgos, con la familia de Dagmar Ingrid Hagelin, se dio a través de Edgardo Waissman, quien fue abogado defensor de Caride, en 1974.

Como un dato suelto, el 24 de enero de 1977, en España, en la calle Atocha de Madrid, el grupo ultraderechista conocido como Alianza Apostólica Anticomunista, había asesinado a cinco abogados laboralistas de la confederación sindical Comisiones Obreras (CC. OO.), en lo que se conoce como la Matanza de Atocha, pero esa es otra historia…

Pero, regresando a la Argentina, el 27 de enero de 1977, Dagmar Ingrid Hagelin, decidió ir a visitar a su amiga Norma Susana Burgos, cuya pequeña hija había muerto pocos días antes, además, su esposo, Carlos Caride, había sido acribillado el 28 de mayo de 1976 en Buenos Aires, en un enfrentamiento con la policía cuando intentaba apoderarse de armas para los Montoneros. Dagmar, había escogido ese día para visitar a su acongojada amiga, por cuanto planeaba en los días siguientes irse a la playa de vacaciones.

Sin embargo las cosas no saldrían para Dagmar como estaban planeadas dado que no bien alcanzó a cruzar el umbral de la puerta de la casa de Norma Susana Burgos, en El Palomar, cuando fue flanqueada por dos hombres que aparecieron saltando por un pasillo lateral y que la encañonaron, luego desde adentro de la puerta principal de la casa otros hombres más le apuntaron.

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Capitán de fragata de la Armada Argentina Alfredo Ignacio Astiz, conocido como el ángel rubio y el ángel de la muerte.

Estos hechos fueron descritos luego por el padre de Norma, quien los presenció impotente y que contó como la jovencita primero reaccionó asombrada y luego atemorizada, echándose a correr tratando de huir, siendo perseguida por los dos hombres que habían aparecido primero, y que luego se conocería que eran un teniente de corbeta rubio de ojos celestes, llamado Alfredo Ignacio Astiz, mientras que el otro era un cabo de la subcomisaría de El Palomar de apellido Peralta.

La chica, quien hay que recordar que era atleta avanzada, parecía ganarle terreno a sus perseguidores, al punto que logró alcanzar la esquina, pero cuando se aprestaba a doblarla y perderlos, el teniente de corbeta, Alfredo Astíz le grito “! Parate flaca si no te tiro! ! Parate flaca si no te tiro!”, tras lo cual puso su rodilla izquierda en la calle, apunto su pistola con ambas manos y disparó una sola vez.

Alcanzada por el proyectil, Dagmar, cayó estrepitosamente impactando su rostro contra los ladrillos de la vereda y quedando inmóvil. Entonces Alfredo Ignacio Astiz, quien era conocido como el ángel rubio y el ángel de la muerte, se aproximó a ella apuntándole con su pistola humeante, mientras que el cabo Peralta, interceptaría un taxi obligando a su conductor, Jorge Eles, a entregarle el vehículo tras encañonarlo e identificarse como “de la Federal”.

Peralta acercó el taxi hasta donde se encontraba Astiz, de pie junto al cuerpo desvanecido de Dagmar Ingrid Hagelin. Pero el policía no pudo abrir el baúl, por lo que regresó hasta donde Jorge Eles, a quien instó a abrirlo. Luego entre los tres pusieron a la chica dentro de la cajuela, y cuando estaban a punto de cerrar la tapa, Dagmar, sangrando su cabeza, recupero el sentido y trató de impedir vanamente que la encerraran levantando sus brazos.

Luego de vencer la poca resistencia de la joven, Peralta subió al coche y se alejó velozmente con dirección a la casa para recoger a los otros militares que allí se habían quedado.

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Antiguo aeropuerto de Trelew, actual Centro Cultural por la Memoria. Foto por Gastón Cuello.

Se trataba de un operativo “anti insurgente” adelantado por un grupo de la ESMA, al mando de Astiz, que buscaba dar captura a María Antonia Berger, una licenciada en sociología argentina, militante de la organización Montoneros y una de las sobrevivientes a la Masacre de Trelew, ocurrida en la madrugada del 22 de agosto de 1972, cuando fueron asesinados a sangre fría 16 miembros de distintas organizaciones armadas peronistas y de izquierda, presos en el penal de Rawson, capturados tras un intento de fuga y ametrallados posteriormente por marinos dirigidos por el capitán de corbeta Luis Emilio Sosa.

Al parecer, el día anterior, Norma Susana Burgos, había sido arrestada en plena calle por el Grupo de Tareas 3.3.2 de la Escuela de Mecánica de la Armada, acusada de ser una integrante de los Montoneros. Luego de esto, un grupo de estos militares, al mando del entonces teniente Alfredo Ignacio Astiz, acudió a la casa de Burgos, la allanaron y mantuvieron allí a su padre, asumiendo posiciones dentro del inmueble.

Igual hicieron con la casa de enfrente, una fábrica de plásticos, disponiéndose así a esperar a María Antonia Berger, quien según datos de inteligencia, podría llegar en cualquier momento.

Fue así como al día siguiente, al hacerse presente la infortunada Dagmar Ingrid Hagelin, la confundieron con María Antonia Berger, aunque la chica era de menor estatura, y obviamente de menor edad, (cosas de la inteligencia militar).

La frase “!Allá viene la chica de ojos claros!”, ladrada por uno de los militares, sellaría para siempre el destino de Dagmar.

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Edificio de la antigua Escuela de Mecánica de la Armada, más conocida por sus siglas ESMA, hoy convertido en museo. Foto por Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos y Wikimedia Argentina.

Dagmar, fue conducida hasta la Escuela de Mecánica de la Armada, más conocida por sus siglas ESMA, un escabroso escenario castrense de detención, tortura y exterminio, donde se cree que fueron asesinadas unas 4000 personas, de las 5000 que pasaron por el siniestro casino de oficiales. Solo un centenar de los detenidos sobrevivió a este centro clandestino de horrores administrado por el Grupo de Tareas GT 3.3.2, llamado en clave Selenio.

En el ESMA, Dagmar, fue llevada a la presencia de otros detenidos, entre ellos su amiga Norma Susana Burgos, quien la vio acostada en una camilla, con una herida un poco más arriba del arco superciliar izquierdo, y en su cuero cabelludo y su pelo con la sangre pegada de la herida y presentando un derrame rojizo bajo sus ojos. La chica estaba en estado consciente.

Tras darse cuenta de su error, los militares no decidían que hacer con ella, la herida en la cabeza le había provocado la pérdida del control de esfínteres, además, se había convertido en un problema.

Su padre, Ragnar Hagelin, había comenzado a buscarla e incluso había hablado con el embajador sueco Per Bertil Kollberg, lo que hacía que el caso de la “suequita”, se convirtiera un tema “caliente”. El 28 de enero de 1977, en horas de la noche, efectivos militares allanaron la casa de Dagmar y secuestraron sus pertenencias. Le dijeron a Ragnar Hagelin, que “La chica está en uno de los autos y detenida por terrorista”.

En los días siguientes se produjo un constante cruce de notas diplomáticas entre Estocolmo y Buenos Aires, exigiendo la liberación de Dagmar, la infortunada chica se había convertido en un asunto de Estado para la dictadura argentina que, para ese entonces ya sabía del secuestro de la joven.

En una severa nota a Buenos Aires, el ministro de Relaciones Exteriores, Karin Söder, diría: “Quiero transmitirle también el sentimiento de mi gobierno, que considera que ninguna nación que se autotitule civilizada puede concebir siquiera llevar un animal herido en el baúl de un auto, y muchísimo menos a un ser humano que está baleado por la espalda. Que ése es un acto de barbarie y crueldad que no puede ser aceptado por los países que se consideren civilizados…”.

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Capitán de fragata Jorge Eduardo Acosta, alias “el Tigre”, Jefe de la Inteligencia.

Se cree que el entonces Capitán de fragata Jorge Eduardo Acosta, alias “el Tigre”, Jefe de la Inteligencia, habría sido quien influyó más en la muerte de Dagmar Ingrid Hagelin, además de sostener en todo momento que el gobierno de la Argentina no podía ceder a las presiones internacionales.

Como epilogo de esta trágica muestra de barbarie humana, María Antonia Berger, con quien confundieron a Dagmar, fue secuestrada y desaparecida a mediados de 1979.

El grupo insurgente Montoneros, es una de las organizaciones guerrilleras con más pérdidas de vidas, con 5000 muertos o desaparecidos, en la actualidad ya no existe como militancia armada. La calificación de “terroristas” que le fue aplicada por la dictadura, es hoy controvertida por cuanto su accionar guerrillero se adelantó contra un régimen criminal y opresor.

Tras el regreso de la democracia a la Argentina, la justicia federal condenó a prisión perpetua a los ex oficiales de la Armada Alfredo Astiz, Jorge “El Tigre” Acosta, Antonio Pernías y Ricardo Cavallo, y a otros ocho represores, por crímenes de lesa humanidad, con relación a los hechos ocurridos en las instalaciones de la ESMA. La condena fue leída delante de los acusados, que se limitaron a escuchar.

En su momento de mayor éxito, Alfredo Astiz fue considerado como uno de los torturadores más eficientes de la dictadura militar, de lo cual él se ufanó llegando a decir que “Soy el hombre mejor capacitado para matar políticos y periodistas de toda la Argentina”.

Las instalaciones del ESMA, fueron desde el año 2004, convertidas en el Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.

Norma Susana Burgos, sobreviviente del horror, ha sido una importante testigo en las causas seguidas por los torturadores y asesinos del ESMA, y así declaró contra ellos ante el Juez español Baltasar Garzón. Burgos diría que era perfectamente capaz de reconocerlos por cuanto jamás en su vida olvidaría sus rostros.

 

Fuente: http://www.accion13.org.co/

 

 


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