Duarte sólo muestra calidad de monstruos que PRI-PAN crean y pueden seguir creando

CEPCIÓN POLÍTICA

*JUAN MANUEL MAGAÑA

Javier Duarte no es otra cosa que la gran muestra de la monstruosidad política que ha engendrado el PRI. Por eso hay que preguntarse ¿qué clase de medalla creen colgarse Enrique Peña Nieto y su partido cuando celebran la captura de su Frankenstein?

De Carlos Hank González a Arturo Montiel, Raúl Salinas, el químico Granier, Tomás Yarrington y un largo etcétera, es Javier Duarte la obra más acabada, la más extrema, de siniestra corrupción formada en el régimen priista.

Por eso no dejan de sonar huecas las palabras del presidente priista Peña, quien se ha referido así a las detenciones de Duarte y Yarrington: “Quienes quebrantan la ley deben responder por sus actos… Independientemente de lo que determine el poder judicial, estas detenciones son un mensaje firme y contundente del Estado mexicano contra la impunidad”.

¿De veras? Pero si la verdadera impunidad ya la vivió Javier Duarte al mantenerse seis años como un verdadero sátrapa, ante la complaciente pasividad de las administraciones federales de Felipe Calderón y de Peña Nieto. Nomás hay que tener presente que fue entre 2010 y 2016 -entre dos sexenios presidenciales- cuando Duarte depredó Veracruz sin que ni Calderón ni Peña movieran un dedo para frenarle.

Entonces, ¿cuál “mensaje contundente del Estado mexicano contra la impunidad? ¿De veras cree Peña que con sólo detener a Duarte quedó reparado ya el inmenso daño causado a todo el estado de Veracruz?

El sexenio de Duarte fue un periodo de intensa corrupción, de connivencia con grupos delictivos, de enriquecimiento insaciable de funcionarios del primer círculo del gobernador; también de miles de homicidios, desapariciones y secuestros que siguen sin ser investigados, ni mucho menos castigados. En las narices presidenciales de dos sexenios, Duarte desvió recursos públicos, desapareció decenas de miles de millones de pesos y produjo la quiebra de las finanzas de Veracruz.

Todo eso, según Peña, ¿se va a resarcir o va a quedar en la impunidad? Porque la sola detención de Duarte -lo que aplica también en Yarrington- no es ni tantito la reparación de tanto crimen en que incurrieron.

Y por eso ya muchos creen -y eso es una inteligente percepción- que ni con la captura de Duarte y de Yarrington juntos le alcanzará al PRI y a Peña para recuperar terreno electoral en el codiciado Estado de México, donde, por cierto, procrean quizá al siguiente engendro.

El razonamiento es sencillo: es el PRI el creador de hijos horribles que luego tiene que devorar con tal de mantenerse en el poder, pero para seguir engendrando otras bestias. Es al PRI al que hay que terminar, pero no con el PAN.


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