Las Torres de la Ciudad

Roberto Ramírez Rodríguez

Las torres, torreones y estelas, son construcciones y elementos urbanos que configuran la personalidad de una ciudad. Por ejemplo, el perfil de Jalapa, centro del poder político, económico y cultural, del estado de Veracruz, se ha transformado con estos elementos.
     Los torreones de piedra, ubicados en un lugar cercano al convento San Francisco, fueron utilizados para la vigilancia y defensa de la plaza central. Sin embargo, las espigadas torres permanecen escondidas; el tiempo se encargó de perderlas entre las apretadas viviendas. Hoy día, quizás son utilizadas para ver la Luna y las estrellas.
     Las estelas de México son monumentos conmemorativos erigidos sobre el suelo en forma de lápida. En sus muros, como en la época prehispánica, están plasmadas historias y leyendas. Mientras más importante es el suceso por recordar más altura tienen. En la ciudad de México, fue construida una para celebrar el Bicentenario; trascendente recuerdo que, por eso, se fue al cielo. Se contó la historia de nuestro desarrollo. Sin embargo, la gente pensó: por qué en lugar de construir este signo, el gobierno llenó de obras públicas pueblos y ciudades; por ejemplo: redes de energía eléctrica, alcantarillado y agua potable, pero no, tuvo que pasar lo que pasó: la estela se construyó en homenaje a la corrupción y el despilfarro. A este caos, se sumó el desdén de la sociedad civil y el mal gusto de los constructores. Alta estela construida dentro del ámbito comercial que nos embarga. A lo lejos, la estela parece un apéndice independiente enfermizo brotando del fondo de la tierra.
     Volviendo a Jalapa. En la ciudad provinciana, actualmente se levanta una gran torre con más pisos que todas las torres juntas de la ciudad. Ha roto el record de altura con relación a las demás torres que existen en la ciudad. Es tan grande que los mismos vecinos azorados han testificado: la torre cruje cuando azota el viento fuerte. La torre, se servirá de los mismos servicios públicos que sirven a la ciudad. La apertura de sus calles está en manos de los proyectistas y contratistas de la torre y  no del municipio.
      Por la falta de un reglamento municipal la construcción de la  crecida torre, que se levanta entre la Plaza Américas, el hospital Los Ángeles y un fraccionamiento popular, es un ejemplo de lo que ha sucedido con la construcción de otras torres: falta de supervisión urbana y técnica.
     Por ejemplo, la elegante torre del IPE fue derrumbada por falta de supervisión en su cimentación. La torre Hákim y la de las Ánimas, carecieron de supervisión de los servicios públicos.
     Construir una torre en una ciudad provinciana es uno de los fenómenos urbanos más importantes: configuran la personalidad de la ciudad. Las clases Media y Alta, quisieran más torres en la ciudad para vivir en una ficticia modernidad: edificios lujosos donde se compra todo: desde un moderno teléfono celular hasta un vestido a la moda.  A la clase Baja sólo le queda escuchar el crujido de la estructura.
     La referencia más antigua a estos edificios se encuentra en la Biblia: la Torre de Babel. Edificio construido con el fin de tocar el cielo. Dios  castigó esta soberbia con la confusión de las lenguas. Seguramente, mientras se construía la torre histórica también crujió por acomodo del peso de la piedra en el suelo. La Edad Media se caracterizó por la construcción de torres militares y religiosas.
      En la actualidad, en la época del comercio mundial, el uso de una torre tiene la simbología de uso para viviendas y comercios pero, lo que es indiscutible es que estos edificios están identificados con el poder político y económico.
       Hoy construimos torres para alcanzar el cielo. Soberbia universal de empresarios y políticos de México que, seguramente, no serán castigados con la confusión de las lenguas; al contrario, su arrogancia planteará a los consumidores el nuevo idioma comercial para obtener más ventajas competitivas comerciales con base en el engaño, ofertas y largos plazos para pagar.

 

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