México.- El Cártel del Golfo ha quedado expuesto; mientras, en el Pacífico, continúan los sacrificios y las matanzas.

TRAS BAMBALINAS

*JORGE OCTAVIO OCHOA

Los demonios han sido saciados en estos días y ahora abrirán sus grandes bocazas los mismos que los alimentan, para pontificar o cuestionar, para lavar sus culpas o señalar culpables, aunque todos son parte de lo mismo.

El Cártel del Golfo ha quedado expuesto; mientras, en el Pacífico, continúan los sacrificios y las matanzas. Las detenciones de Tomás Yarringtón y Javier Duarte abren un mar de preguntas, pero la caída de “Pancho Chimal” y el asesinato de tres personas lanzadas vivas desde una avioneta en Culiacán, dejan también muchas dudas.

No sabemos si la cuota de sacrificios ha quedado colmada. Lo único evidente es que México es un país cercado, atenazado por el narcotráfico y por el crimen organizado, a través de la prostitución, trata de blancas, contrabando de personas y armas, tráfico ilegal de mercancías y secuestros, que pululan y campean por todo el país, en medio de un aparato legal y de justicia ciego, sordo y mudo.

Se calcula que se “lavan” entre 20 mil y 50 mil millones de dólares cada año, proveniente de estas actividades criminales que en México se perpetran con “relativa impunidad” en el sistema financiero, según confirmo a principios de marzo la cancillería de los Estados Unidos.

La corrupción en el sistema judicial es tal, dicen, que “obstaculiza las capacidades del gobierno mexicano para condenar a organizaciones o individuos involucrados en lavado de dinero”. El dinero proviene en mayor parte del tráfico de drogas, armas y personas, corrupción, secuestro, extorsión, robo de combustible o la piratería. Algunos participan, otros sólo se hacen de la vista gorda.

No se trata de un dato suelto ni de un comentario aislado. Es el reporte anual de los servicios de análisis e investigación de la Cancillería de los Estados Unidos, que aquí pasó de noche, pero que el gobierno de aquel país esgrime para restregarnos en la cara que “los hombres malos” provienen de México.

También existen algunas firmas de outsourcing, de selección de personal y manejo de nómina y recursos humanos, que son investigadas por la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) por presunto lavado de dinero, y que han sido o son proveedoras del Gobierno Federal o participan con frecuencia en sus licitaciones de subcontratación de personal.

No es que queramos hacerle el caldo gordo a Trump. Es que las evidencias así lo indican. Personeros del crimen organizado han caminado por los pasillos del Senado y de la Cámara de Diputados -y quizá actualmente lo hacen- sin que exista investigación alguna sobre los orígenes de su riqueza, pero ahí los tenemos, además de todo, medrando con el presupuesto de las arcas públicas.

Hay varios diputados, de Veracruz y Chihuahua, escudados en el fuero; que gozan de prebendas y presupuesto para repartir dádivas y salarios a una cauda de asesores, sin que se les pueda someter a proceso.

Sea como sea, la sola captura de  Tomás Yarrington constituye la evidencia más fidedigna de que el narco llegó al poder desde los años 90 y no nos sorprendería enterarnos de que ese grup.o delincuencial, que después se convirtió en brazo armado del Cártel del Golfo, estuvo relacionado con los aseinatos de Luis Donaldo Colorio y José Francisco Ruiz Massieu.

Quizá para la clase política de aquel entonces y para el grupo que estaba por entrar al poder, una cosa era permitir el tráfico de drogas y otra muy distinta crear grupos de choque, proclives al narcoterrorismo y al ajuste de cuentas.

Eso fue lo que se gestó precisamente en los años 90 en Tamaulipas, hasta que se convirtió en uno de los territorios del corredor de la delincuencia más grandes del mundo. Esto ocurrió previo a la pérdida del poder del PRI y la transición pactada en favor del PAN en el 2000.

El caso es que, en Estados Unidos, en la Corte de Sur de Texas División Brownsville, existen documentos que revelan las aportaciones a la campaña de Yarrington y los sobornos que recibió de parte de Osiel Cárdenas y posteriormente de Los Zetas “Caso Criminal No. B-12-435-S1”. La relación se gestó desde que Yarringtón era presidente municipal de Matamoros.

El mandatario permitió la expansión del negocio y en menos de un lustro el contrabando de drogas a Estados Unidos desde Matamoros se expandió a Reynosa, lo que consolidó la creación del temido Cártel del Golfo.

Dicen que Yarringtón permitió a Osiel Cárdenas designar a los comandantes de la Policía Ministerial en algunas plazas para facilitar el negocio que al gobernador le redituaba maletas repletas de dólares. Fue entonces cuando Osiel Cárdenas dio el siguiente paso y creó su brazo armado a través de Arturo Guzmán Decen, comandante de los Zetas.

A base de terror, que todavía puede palparse en el estado, se hicieron dueños Tamaulipas y luego se extendieron a Cancún, Quintana Roo, donde luego otras mafias se encargaron del negocio de falsificación de actas de nacimiento y credenciales electorales.

El documento radicado en Texas revela que el enlace del Cártel del Golfo y Los Zetas con Yarrington era el empresario Antonio Peña Argüelles y su hermano mayor, Adolfo, ambos de Nuevo Laredo, que le entregaban sobornos por un millón de dólares mensuales.

Esta relación inició justo en el año 2000, cuando el PRI perdió la Presidencia de la República y con ello se descuadró el “arreglo” que existía para que cada cártel se mantuviera en su territorio, sin invadir ni confrontar a los otros cárteles. Pasaron 6 años sin que Vicente Fox tuviera ni idea de lo que pasaba, mientras el CDG crecía y se volvía más brutal y tenebroso.

Guadalupe Eugenio Rivera Mata, El Gordo Mata, y Juan José Muñiz Salinas, “Bimbo” eran los encargados de entregar a policías, alcaldes y al gobernador de Tamaulipas los sobornos que pagaba Osiel Cárdenas Guillén.

Desde 2005 Peña Argüelles abrió una cuenta bancaria a nombre de una pequeña empresa de cría de ganado y ciervos de cola blanca, criados en su rancho, pero luego empezó a mover grandes cantidades hasta que la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés), amonestó a Banamex USA en 2013 por no cumplir con las normas de prevención de lavado de dinero. Las transacciones superaban los 59 millones de dólares.

Arguelles lavaba dinero a través del Falcon Bank, el International Bank of Commerce de Texas; HSBC y Banamex en Nuevo Laredo, y el Commerce Bank en California.

En medio de esa megalomanía y ansias de poder, Tomás Yarrigton intentó convertirse en el candidato de PRI a la Presidencia de la República oponiéndose a Roberto Madrazo Pintado a través de un bloque de gobernadores apuntalados por “la maestra” Elba Esther Gordillo, que estaba dispuesta a todo, antes que permitir la asunción de Madrazo.

Todos ellos perdieron la candidatura interna y Elba Esther anunció su apoyo a Felipe Calderón y “los azules”. Entonces Yarrington se convirtió en parte activa del CDG y entró en negociaciones con los Beltrán Leyva para dominar el tráfico de drogas desde Veracruz. Era un corredor de droga y negocios ilícitos impresionante, que llegó a conectarse hasta Guerrero.

Sin embargo, la ambición fragmentó al grupo y pronto los Zetas descubrieron que Peña Argüelles nunca entregó los sobornos respectivos al gobernador electo Rodolfo Torre Cantú, quien fuera asesinado poco después, se cree que por órdenes de Tomás Yarrington, “porque estaba afectando el negocio de la construcción”.

Esto trascendió en un mensaje que Miguel Ángel Treviño Morales, el Z40”, envió a Peña Arguelles vía telefónica, luego de matar su hermano y dejar su cadáver en el monumento a Cristóbal Colón, en Nuevo Laredo. Tras esta amenaza, Peña Argüelles viajó a San Antonio, Texas, y se entregó a la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés).

A partir de 2012, Tomás Yarrington empezó a esconderse porque las autoridades de Texas ya habían emitido una orden para su captura. Sin embargo, para entonces los Cárteles del narcotráfico habían salido de control, en medio de una guerra sin ton ni son, iniciada por el Presidente Felipe Calderón, en la que parecía privilegiar a unos y querer exterminar a otros.

Para Yarringtón, aparentemente la mejor expectativa es ser extraditado a México, porque quizá podría lograr algún tipo de “arreglo”, “acuerdo” o “pacto” para no relevar nombres y datos, cosa que nunca lograría en Estados Unidos. La cuestión es que nadie garantiza su seguridad. Él podría morir asesinado en cualquier penal… más si su historia se liga de algún modo a Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu.

 

Por lo pronto, fuentes diplomáticas de los EEUU aseguran que “las autoridades mexicanas no tuvieron nada que ver en la detención de Yarrington”, ya que fueron agentes estadounidenses los que habían estado persiguiendo al tamaulipeco “por un largo tiempo”. Es decir, al gobierno mexicano no le preocupaba para nada su localización.

Cualquiera pensaría entonces, que a la luz de los últimos acontecimientos, estas capturas, aunadas a la de “El Chapo” Guzmán, auguran el languidecimiento del crimen organizado y el narcotráfico en México pero, lejos de amainar las aguas, hay otros episodios que indican que solamente se está dando un reacomodo de grupos y de liderazgos.

La brutal ejecución de 3 personas, que fueron lanzadas desde una avioneta en Culiacán, Sinaloa, así lo demuestran. Una de ellas calló en el techo de un hospital y las otras dos fueron recogidas por un grupo armado que las levantó y huyó.

Esto ocurrió en la sindicatura de Eldorado –ubicada a 52 kilómetros al sur de Culiacán – donde dos grupos se pelean la plaza: los Dámaso, cuyo líder, Dámaso López Núñez enfrenta a la célula de los hijos de Joaquín Chapo Guzmán, Iván Archivaldo y Alfredo Guzmán Salazar.

Mientras tanto, en el Estado de México hay signos también de un reacomodo de grupos. Por lo pronto ya se registró el sobrevuelo de un helicóptero en la feria de Texcoco que lanzó un narco mensaje. Luego apareció una narco manta colgada de un puente peatonal con un narcomensaje alusivo a policías ministeriales del municipio de Nezahualcóyotl y zonas aledañas.

Otras similares aparecieron sobre la autopista México-Querétaro y en la carretera a Lago de Guadalupe, en Cuautitlán México, informó el portal de internet @FondoEstadodeMéxico.

Así pues, estamos lejos de entrar a mares apacibles. México sigue en la zozobra, a la vista de todo el mundo y acosado por la administración Trump.


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