El “nuevo PRI” de Peña Nieto sacrifica a sus criaturas horribles en la arena electoral

PERCEPCIÓN POLÍTICA

*JUAN MANUEL MAGAÑA 

Todos ellos fueron presumidos por Enrique Peña Nieto como si fueran el avant gard priista. El presidente los mencionó uno a uno en televisión, por su nombre y hasta cariñosamente: “Beto” Borge (de Quintana Roo), César Duarte (de Chihuahua) y Javier Duarte (de Veracruz); también quiso mencionar al gobernador de Campeche, pero ni siquiera se acordó de su nombre.

El caso es que con ellos y con otros más, como Tomás Yarrington y Humberto Moreira, Peña se tomó fotos, a la fecha ya muy usadas, en las que todos aparecen bastante gozosos del poder acumulado en sus estados y en el vértice de la pirámide política.

Pero resulta que esas figuras del nuevo PRI ahora destacan tanto por sus nexos con el crimen organizado, como por depredar sus estados. De conducta inocultablemente delictiva, detrás de ellos hay rastros de sangre, algunos ya son prófugos de la justicia… o están siendo detenidos, como es el caso de Javier Duarte y Tomás Yarrington.

Se trata, sin duda, de peces gordos, muy gordos. Su creador ha sido el PRI, “el viejo” o el “nuevo”, da lo mismo. Si la corrupción, desde hace varios sexenios, emana del centro, de la mera cúspide, ellos por qué tendrían que rezagarse.

Resulta pues que el PRI los creó, pero ahora se pretende que, castigándolos como víctimas expiatorias, el creador quede limpio de culpas para así pasar por las aguas bautismales de nuevas elecciones en puerta.

La gente ansía que Tomás Yarrington y Javier Duarte se pudran en la cárcel. Ojalá. Pero su solo castigo no repara todo el mal que hicieron; hay que ir más allá. Debe haber un tejido de complicidades y un reguero de dinero que tendría que ser recuperado. No trata de cien pesos, sino de miles de millones, algo que debiera ser difícil ocultar.

Si la dudosa justicia de este país hiciera su trabajo, quizá algún día sepamos que el mal causado por el “nuevo PRI” fue revertido. Pero, mientras, el PRI -el viejo o el nuevo- busca desesperadamente sobrevivir sobre todo en el Estado de México, el reducto de Peña Nieto. Y por eso es capaz de comenzar a sacrificar a su criaturas horribles.


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