Teacher Thatcher

Margaret Hilda Thatcher es de esa rareza de personas que ayudan a explicarnos por qué nuestro mundo es así. De ese tamaño su influencia.

Para decir algo que nos parezca muy cercano: ella impulsó una implacable política de privatización de empresas públicas, recortes presupuestales y restricciones a los aumentos salariales promovidos por los sindicatos.

¿Le suena algo de esto?

Su gobierno coincidió con otro político radical de derecha sumamente influyente: el presidente estadounidense Ronald Reagan (1981-1989), con quien impulsó en alianza la caída de los gobiernos del bloque socialista y difundió las políticas neoliberales que no tienen para cuándo irse.

Igualmente, su mandato fue paralelo al del líder de la entonces Unión Soviética, Mijail Gorbachov (1985-1991), artífice de su desmantelamiento y de la caída del llamado socialismo real en Europa del este, en 1989.

He ahí tres grandes que cambiaron la faz del mundo, entre quienes habría que colocar a uno más: al papa polaco Karol Wojtyla, llamado Juan Pablo II.

Thatcher vivió sus últimos años demente, según su propia hija Carol. Y murió a los 87 años, a consecuencia de un derrame cerebral. Fue primera ministra de Gran Bretaña, por el Partido Conservador, de 1979 a 1990 y se le conoció como la Dama de Hierro por su carácter inflexible.

Thatcher tuvo sus hazañas desde que el 3 de mayo de 1979 consiguió ser la primera mujer –y hasta ahora la única– que llegó a la jefatura de gobierno de Gran Bretaña y se mantuvo en el poder al ganar tres elecciones seguidas.

Se le ha situado al lado de otro grande, Winston Churchil, político para el que hubo funerales de Estado en 1965, cosa que sin embargo no habrá para la Dama de Hierro. Para ella se prepara un ceremonial parecido al que se hizo para la princesa Diana, pues nunca tuvo una relación fácil con otra grande: la reina Isabel.

Las crónicas consignan que el mote de Dama de Hierro surgió a raíz de que Pravda –el diario oficial del Partido Comunista de la Unión Soviética– se refirió a ella así en un despacho, aludiendo a su estilo rígido y en ocasiones agresivo.

Thatcher fue una política temida, amada… y armada. Eso lo saben bien, de este lado del océano, Argentina y Chille. Más para acá, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari fueron, de sus políticas, aprendices adelantados. Lo que no se les dio fue la grandeza.

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