Topar con la Iglesia

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Para David y Martha, con un abrazo solidario

La luna de miel del peñanietismo concluyó el domingo en los púlpitos de los templos católicos. Desde algunos de ellos se pronunciaron homilías muy en el tono del editorial del semanario Desde la Fe, en el que se pone en duda no sólo la orientación ética de los mexicanos, incluso la fortaleza de las instituciones públicas.

Como dijera el noble hidalgo de la épica cervantina, con la Iglesia ha topado el todavía nuevo gobierno.

Tal no es un asunto menor si se toma en cuenta que, de acuerdo al teórico Maurice Duverger, el alto clero es uno de los grupos de presión y, sobre todo, de poder con mayor presencia, influencia y fuerza en el todo social.

Tan sólo en el primer párrafo, la crítica al régimen de la restauración priísta es demoledora: «en México estamos acostumbrados a crear una imagen falsa de nosotros mismos, a base de frases propagandistas que no corresponden a la realidad», lo que en definitiva aborda la política de comunicación que, desde Los Pinos –como antes se hizo en el Estado de México– se destaquen los discursos, las reuniones de alto nivel, pero se oculte en la mayoría de los medios la realidad de la violencia, la inseguridad y las muchas muertes que, como en el sexenio maldito de Felipe Calderón, siguen acaeciendo todos los días.

Y ejemplifica la discordancia entre propaganda y realidad: «Hace muchos años hubo una demagógica campaña que decía ‘¡Arriba y adelante!’, y la realidad fue exactamente al revés. Tampoco podemos dejar de recordar el desastre que vivimos en aquella otra época en que la frase ficticia era ‘La renovación moral’, que terminó en una corrupción más grande que la galopante inflación de los años ochenta del siglo pasado.»

Todo ello para llegar al momento actual:

«Hoy se habla en todos lados de un Estado de Derecho fuerte, donde nadie está por encima de la ley, pero sólo nos encontramos con signos aislados de acciones efectistas, más que eficaces. Cómo podemos hablar de un Estado de Derecho cuando los más variados grupos de la sociedad alteran el orden público, afectando a millones de ciudadanos en sus derechos básicos al cerrar vías primarias de comunicación, al destruir edificios y bienes públicos, o al secuestrar la producción agrícola de gente que nada tiene que ver con el crimen organizado. Ante estas situaciones, los ciudadanos vemos con frustración la falta de decisión con la que actúan las fuerzas públicas, muchas veces dejando en libertad a los causantes de tales acciones ilícitas y vandálicas.

«Mientras tanto, todos los días escuchamos declaraciones en el sentido de que ya vivimos en paz, que la violencia va desapareciendo, y que todo está bajo control, pero lo cierto es que las declaraciones no cambian la realidad.»

LA VIOLENCIA PRIVA

En su órgano de comunicación, el alto clero católico mexicano subraya que los ciudadanos continuamos cual rehenes del crimen en nuestras personas y patrimonio y que, a cambio de ello, la ley no se aplica, se negocia, y que la prudencia, la mesura y el diálogo, aunque encomiables, no deben practicarse con quienes delinquen:

«Como un ejemplo podríamos recordar la situación de indefensión que viven miles de ciudadanos en muchas poblaciones a todo lo largo y ancho del país, donde el crimen organizado sigue siendo quien impone sus reglas para secuestrar, extorsionar y controlar las actividades económicas y la vida diaria de los mexicanos.

«Los titubeos del Estado, en una de sus principales responsabilidades, que es la de garantizar la seguridad de sus ciudadanos, está provocando que la ciudadanía comience a organizarse para formar ‘policías comunitarias’. Es decir, ante la vulnerabilidad de nuestras instituciones, se está gestando una reacción que, de no atenderse a tiempo, podría llevar a un caos social.

«Lo ha dicho hace unos días el Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el cardenal Francisco Robles, arzobispo de Guadalajara: ‘No puede haber desarrollo sin paz y no puede haber justicia si persiste la impunidad’.

Topó con la Iglesia el peñanietismo. Se acabó la luna de miel.

Índice Flamígero: Escucho a Pablo Milanés: «La vida no vale nada, / cuando otros están matando / y yo sigo aquí cantando / cual si no pasara nada. / La vida no vale nada, / si escucho un grito mortal / que no es capaz de tocar / mi corazón que se apaga. / La vida no vale nada, / si ignoro que el asesino / cogió por otro camino / y prepara otra celada. / La vida no vale nada, / si se sorprende a otro hermano / cuando supe de antemano / lo que se le preparaba. / La vida no vale nada, / si cuatro caen por minuto / y al final, por el abuso, / se decide la jornada». Y, como muchos, me pregunto ¿cuánto en verdad vale una vida en México?

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