Tumbas por Decreto

Roberto Ramírez Rodríguez
El hombre antiguo construyó majestuosos templos para que las multitudes oraran por las buenas cosechas. Así, las oraciones, entre los anchos muros de las catedrales, resonaran fuerte y llegaran pronto a oídos de los dioses.
      La respuesta divina siempre era la misma: construir más iglesias y unir a la gente en la vida y después de la muerte. Con este pensamiento los sacerdotes decidieron abrir nichos en los anchos muros de los templos y excavaron, bajo sus altares, para enterrar a los difuntos. Sin embargo, la gente no estaba satisfecha con esta medida y empezó una lucha no sólo frente a jerarcas religiosos, sino también, de reyes y hombres poderosos, para que todo mundo tuviera un lugar especial en la tierra y descansar eternamente. Nació la tumba individual, la obra más antigua del mundo.
     Con un sepulcro para cada ser, el hombre trascendió en el tiempo. Antes de morir, decoraba su tumba, escribía mensajes en sus muros y pintaba testimonios no sólo de su paso por el mundo, sino de la naturaleza y de todas las cosas que estaban sobre la tierra.
     No obstante, el privilegio de reyes, sacerdotes y comerciantes, elegidos por los dioses para descansar en sepulcros dotados de hermosura, algunos en forma de esbeltas pirámides alineadas con las estrellas, continúo haciéndose por los siglos de los siglos…Hoy día, el hombre poderoso, no sólo sigue construyendo edificios ostentosos con muros de piedra fina como la utilizada en los pisos de los cielos, al contrario, su condición de poder económico le permite ordenar, a través de decretos y de acuerdo a sus intereses, donde debe vivir y descansar una sociedad pobre e insegura.
     Un ejemplo: el 12 de febrero pasado se cumplieron 125 años del nacimiento de Eulalia Guzmán, antropóloga y descubridora de la supuesta tumba de Cuauhtémoc. Doña Eulalia inició su carrera profesional como asistente de Antonio Caso durante los trabajos de exploración de Monte Albán. Aunque aquella época era muy compleja para la mujer, social y familiarmente, la vida de la antropóloga, alcanzó fama profesional.
Estuvo a cargo de la investigación de Ixcateopan, Guerrero, sobre los presuntos restos de Cuauhtémoc, el águila que desciende. La tesis de su investigación fue definitiva: los restos óseos encontrados debajo del altar de la iglesia del pueblo, pertenecían al último tlatoani de México.
      A partir de entonces, los restos de Cuauhtémoc se convirtieron en uno de los casos más polémicos de México: no sólo nos mostraron la dificultad que tenía la mujer para sobresalir profesionalmente sino que, también, quedó claro que la relación que había entre la investigación arqueológica y el uso que para su conveniencia hacían de ella los políticos, era un lodazal.
     ¿Qué hacemos con la dama? Le preguntó el presidente Luis Echeverría al gobernador Rubén Figueroa, ante la comisión que había concluido que los huesos del cráneo encontrado bajo el altar de la iglesia pertenecían a una joven mestiza y no a los del emperador Cuauhtémoc. Para que no hubiera dudas, dijo la comisión, ahí está el rostro de la mujer reconstruido en acrílico. Al escuchar la pregunta, Figueroa evadió la respuesta presidencial, cambió la conversación y no la contestó. No dijo ni sí ni no. La SEP guardó silencio. Esa misma noche, los investigadores pidieron releer los dictámenes originales de la investigación. Al concluir, afirmaron que no había bases científicas para asegurar que los restos hallados en la Iglesia de Santa María de la Asunción en Ixcateopan, pertenecían al último señor de los mexicas.
Después, vino la declaración de Echeverría: por razones de tradición, aquellos eran los restos de Cuahutémoc. Entre los presentes de la  comisión se encontraba el arqueólogo Eduardo Matos quien comentó: el presidente dio un manejo político al asunto. El periódico Excelsior soltó la noticia: la tumba de Cuauhtémoc, último emperador azteca, el héroe más grande del Anáhuac, fue encontrada.
 En una carta enviada al historiador José C. Valadés la profesora Eulalia Guzmán se quejó de la falta de apoyo de sus jefes del INAH, que después de encomendarle investigar la autenticidad de los documentos firmados, no respondieron a ninguno de los 12 informes que les había enviado. A partir de entonces, inició un choque de trenes entre las corrientes ideológicas: indigenismo contra hispanismo. La historiadora y arqueóloga estaba pisando un terreno minado. Se decía apasionada nacionalista pero la reputación de su trabajo estaba en riesgo
La investigación sigue abierta. Llegó al extremo de que la gente empezó a ver fantasmas: veían a Cuauhtémoc vagar en cada rincón de México; la misma Doña Eulalia, antes de su muerte, aseguró que todas las noches lo veía caminar por los pasillos de su casa. Ha pasado el  hacemos con los jóvenes de Ayotzinapa? La gente reclama: ¿Dónde están los jóvenes? El territorio mexicano está plagado de fosas clandestinas, tumbas temporales, que si se analizan debidamente, se encontrará el mismo origen: tumbas por decreto; la conveniencia a los intereswa políticos y económicos. Inseguridad, desigualdad social, pobreza y abandono.

 

 

 

 

 

 

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