Un Informe sin Reformas

Roberto Ramírez Rodríguez

En el mensaje con motivo del III Informe de Gobierno, el presidente Enrique Peña Nieto, aseguró perseverar en la implementación de los reformas transformadoras de México.

En el discurso, se apreció el mismo corte político de  Informes de sexenios anteriores. La lectura se efectuó en Palacio nacional y no frente al Congreso, como antes se hacía en forma republicana. Días antes, Peña Nieto movió piezas de su gabinete. Sacó a varios Secretarios del juego político, incorporó a otros y algunos fueron cambiados de posición.

Entre los cambios políticos destacó el nombramiento de una sobrina del ex presidente Salinas como Secretaria de Relaciones Exteriores. Además, un joven inexperto fue nombrado en la Secretaría de Educación. En Sedesol quedó un político que, a partir de esa fecha, ya está incluido, junto con Chong y Videgaray en la terna del PRI para el 2018. Al respecto, los mexicanos opinan que el presidente puede cambiar las veces que quiera a su gabinete, siempre y cuando los nuevos rostros no continúen con la misma línea de sus antecesores: pensar que el país les pertenece. Por eso, es mejor cambiar de política y no de políticos.

El Informe fue escuchado en ciudades y campos. En estos dos universos, urbano y rural, íntimamente ligados entre sí, la gente escuchó con atención las palabras del presidente. No era para menos; en esos dos mundos, ejes de la economía nacional, los habitantes saben que sí la economía va bien a ellos les irá mejor pero, si quedara estancada, como hoy día lo está, los dos mundos fracasarán en sus metas trazadas.

La agricultura no existe en México. Nuestros alimentos los importamos. La familia mexicana es abastecida por mercados de otros países. Los jóvenes campesinos han emigrado a otros países ajenos y lejanos. Así que, además de los cultivos, el agro se quedó sin mano de obra.

Las ciudades de México están agotadas y descuidadas. No existen suficientes drenajes, colectores, agua potable y energía eléctrica, para atender el desmedido crecimiento poblacional. El morador, que vive entre tanta gente, se siente solitario. El aire que respira está contaminado. El ruido de automóviles y cláxones contaminan. Faltan calles pavimentadas; son insuficientes o están llenas de hoyos.

La falta de empleo produce entre los pobladores una crisis nerviosa agobiante. El morador se ha convertido en un ser hipersensible. Cuando busca la paz, aunque sea durante el traslado a su trabajo, no la encuentra; aparecen los camiones de transporte urbano, destartalados y antihigiénicos. Los horarios de trabajo y el poco tiempo que tiene para divertirse, le han desarrollado una sensibilidad humana negativa. La ciudad desorganizada actúa sobre sus sentidos como droga o excitante.

En las calles hay miedo y desencanto en los hogares. No alcanza el dinero. La mortalidad aumenta. La insalubridad actúa en casas y calles de la ciudad. Nos ahoga la basura. Las enfermedades -sida y cáncer- cada vez se extienden más. Las epidemias, sobre todo de gripa y los piquetes de mosquitos, con nombres raros, cada día son más frecuentes.

En las calles se ven escenas de libertad sexual intensa provocadas por la publicidad, cine, revistas y la televisión. Tal parece que el amor, bajo todas las formas, es un fenómeno puramente urbano; pero no, los hombres y mujeres del campo también desean amar pero, ese tiempo esperado, es el que ocupan para viajar en busca de un nuevo hogar o un digno trabajo. Buscando el amor, terminan su viaje en los cinturones de miseria de las ciudades.

Da miedo ir al cine en las noches, caminar por las calles oscuras o sufrir un robo en sus moradas mientras pasean o trabajan. La violencia ha ahuyentado al turismo extranjero. Los gobernantes nos mienten. Es necesario que la ciudad sea para el hombre un vestido a su medida, en el que se sienta a gusto,  disfrutando de su tierra. El diálogo gobierno-individuo-ciudad, no existe. Falta comprensión de las autoridades.

Por sus palabras, estamos ciertos que Peña Nieto sabe lo que pasa en ciudades y campo. Todos sabemos de la crisis social económica y política que padecemos. Sin embargo, durante su Informe, el no explicó cómo va a resolver los problemas que nos aquejan. Decir que “avanzamos sin dividir, reformar sin excluir y transformar sin destruir”, sólo es una elegante frase. Necesitamos saber cómo y cuándo, se resolverán los problemas y no sólo los viejos que se resuelven solos, sino los nuevos, antes de que se hagan viejos y que la desesperanza crezca.

 

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