Download!Download Point responsive WP Theme for FREE!

Ciudades del mundo global, Xalapa: Ciudad de las Flores

Por Roberto Ramírez Rodríguez

En 1830, la tierra tenía mil millones de habitantes. En 1930, cien años después, alcanzó los dos mil millones de seres. En 1980 la estructura poblacional se disparó, duplicándose cada veinte años. Inició la migración del campo a las ciudades. Ciudades que se llenaron de gente activa, colonias abandonadas, y desempleados.

Actualmente, la población global alcanza los siete mil millones de habitantes de los cuales, el 60  por ciento, viven en centros urbanos que nacen, crecen, y se transforman.

El Hombre, creador de ciudades, las fundó con un noble fin: vivir una vida común en armonía social adaptada al medio y el medio a los poblados. Sin embargo, hoy día, la realidad es otra. Al paso del tiempo, el crecimiento urbano desproporcionado, la migración de los pueblos, el cambio de costumbres citadinas, el establecimiento de polos comerciales globales, la moderna tecnología, pobreza e inseguridad, han llevado a las familias a escoger entre vivir en un centro urbano de ciencia ficción o el quimérico recurso de alejarse de las ciudades y residir en una aldea con casas de tejas.

Refugio en la soledad sin luces deslumbrantes, ni ruido, ni contaminación. Para el hombre eso es lo más tranquilizador, pero no para siempre; pronto, las lejanas aldeas serán ciudades o estarán invadidas por la contaminación industrial.

Es decir, la ciudad, concebida por el Hombre como el teatro de la historia del mismo hombre está dando, generacionalmente, giros históricos. Hoy mismo, el foro teatral se ha convertido en un simple decorado inapropiado a la medida cultural del hombre.

Es posible que, en unos años más, el nombre ciudad será sólo un recuerdo. Tendrá que ser remplazado con otro nombre que aún no existe en nuestro vocabulario.

Desde luego, la ciudad aún vibra y vive. Los habitantes esperan un futuro promisorio para ella; pero, también, piensan que requiere con urgencia de una cirugía mayor urbana, vial y sicológica, para que el eco de los llamados a la cultura, enseñanza, y el trabajo creativo no provoque miedo, repulsión, o rechazo.

Desean que el citadino no se sienta amenazado y que sus sueños no sean las pesadillas que lo obsesionan. Mucha gente sueña que se ahoga en la basura recolectada en las calles.

Pero, ¿en que momento las ciudades empezaron a crecer y transformarse?

Un ejemplo, como hay tantos:

Hace seis décadas, la ciudad de Xalapa era atractiva para vivir. En los pueblos y villas se escuchaba de su fama: Ciudad culta, siempre cubierta con una neblina eterna y una ligera lluvia insistente.

Las sombras de los árboles frondosos eran el recreo de muchas familias. Los nacimientos de aguas cristalinas brotaban entre mantos de piedra y arena. Las casas de teja, macetas con flores esplendorosas, y el adoquín de piedra en las quebradas calles, formaban un conjunto urbano ejemplar: limpio y oloroso a jazmines.

En las noches, las serenatas románticas al pie de un balcón arrullaban la ciudad. Era la sede de los poderes estatales y de una famosa Universidad.

La generación de jóvenes de aquella época, atraídos por las notables voces alegóricas que hablaban de las bondades de la ciudad, llegó a estudiar, o trabajar. Pronto, se adaptó a la tranquilidad de la ciudad como hijos adoptivos de la Atenas veracruzana o la Ciudad de las flores.

Todo iba bien, o más o menos bien, hasta que el punto de equilibrio urbano de la ciudad empezó a fracturarse. De ser una ciudad provinciana ejemplar inició su crecimiento caótico. Llegó el automóvil. Sin un plan urbano a largo plazo, el destino de la ciudad quedó en manos de los ocurrentes políticos y técnicos que, orgullosos de sus planes sexenales incumplidos, hablaban de un futuro incuestionable de la ciudad que nunca llegó.

Así, sin agua potable ni drenajes suficientes, ocurrentemente el norte de la ciudad fue nominada la zona industrial que sería la llave del progreso. No resultó. Hoy día, en ese mismo lugar, están asentados museos, escuelas, viviendas, restaurantes, y edificios públicos. Todo revuelto, metido en el mismo jarro.

Otra de las grandes ingeniosidades que trastocó a la ciudad fue un lastimoso decreto: “el alineamiento progresivo”. Consistía en ir alineando las rúas de acuerdo a como fuera creciendo la ciudad. La receta urbana era la siguiente: ante la llegada del automóvil, ampliar las calles.

Desde sus escritorios, los técnicos trazaban líneas en cada calle sin importarles sobre que edificios caían o el valor arquitectónico o histórico que tenían. En esa forma, la ciudad fue desmantelada de sus edificios artísticos. Lo sorpresivo de este proyecto es que han pasado más de cincuenta años y el absurdo decreto aún no ha sido finiquitado. Todavía podemos ver sus estragos en las calles Clavijero, Lucio, Juárez, Enriquez, etc. Viviendas antiguas salientes o edificio nuevos remetidos, esperando al retrasado progreso.


Es decir, mientras el mundo giraba lleno de acontecimientos sociales, políticos, y económicos, la ciudad xalapeña estaba paralizada.

En medio siglo, los jóvenes que llegaron a estudiar a la Ciudad de las flores, fueron testigos de estos acontecimientos históricos en el mundo y en México: El triunfo de la Revolución cubana, el derrumbe del muro de Berlin, la llegada del hombre a la Luna, el proceso de la globalización, la guerra de Irak, la caída del PRI, etcétera, sin embargo, no han visto concluido el largo y penoso decreto que sólo nos dejó calles carcomidas por una ocurrencia gubernamental.

En ese tiempo, hubo voces de intelectuales, técnicos, y habitantes de la ciudad, que señalaron que la ciudad de Xalapa- la bella Xalapa como le dicen actualmente- debería conservarse tal como el hombre antiguo la había diseñado. Envolverla en un circuito vial y del otro lado, en el exterior, planear las nuevas inversiones que nos llevaran  al proyecto de una nueva y novedosa Xalapa.

Hoy día, esa generación de jóvenes, que actualmente peinan canas, cuentan una nueva historia citadina: Caos vial, urbano, y falta de empleo. Los manantiales de agua cristalina están secos. Los drenajes y el agua potable son insuficientes. Hay muchas universidades “patito”. Ya no hay serenatas al pie del balcón por la inseguridad en las calles. Los gobernantes no saben que hacer con tanta pobreza. Siguen las ocurrencias: Colocar macetas con bellas flores para conservar la tradición de la bella Xalapa, Ciudad de las flores. Ciudad turística, carcomida por el tiempo.

loading...

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.