Cuarto para la doce

¿Qué pensará el electorado no tabasqueño del ex gobernador Andrés Granier? ¿Se animará a darle votos al PRI después de todo el teatro que se ha visto en relación con el desfalco del estado que gobernó y con la ofensiva ostentación de su riqueza? ¿A cuántos impresentables e indefendibles más no evocará que son iguales o peores que Granier y que los hay del sexenio que los pida?

Vienen elecciones, son cuarto para las doce.

En vía de mientras el show de la corrupción continua. Ahora el señor Granier se dijo inocente y perseguido político por parte del gobernador Arturo Núñez. ¿Lo veremos declararse «preso político»?

Con todo y que ya pisó la cárcel, hay un buen grado de escepticismo acerca de que Granier sea en realidad castigado por la justicia.

En su marrullería, el ex dijo que había estado fuera del país por tres motivos: para poner una distancia política del estado que descepcionó; por tener problemas del corazón (físicos, no sentimentales) que no se había podido atender, y porque tenía diversas amenazas de muerte del crimen organizado. Nada de que anduviera huyendo. Cómo creen.

Por lo pronto fue detenido ante la acusación que pesa en su contra por operaciones de procedencia ilícita por más de 35 millones de pesos durante su gestión como gobernador y por evasión fiscal. Y ante ello solicitó 144 horas para que se defina su situación jurídica que le concede la ley, para que su defensa pueda aportar las pruebas.

En realidad, su problema es mayor porque enfrenta una denuncia, presentada por la Contraloría del gobierno del estado de Tabasco, por el desvío de más de mil 900 millones de pesos.

Al respecto, el secretario de gobierno estatal, Raúl Ojeda Zubieta, afirmó que el ex gobernador tendrá que rendir declaración en la entidad y que todos los involucrados en el quebranto financiero tendrán que reparar el perjuicio a las arcas estatales.

Incluso, frente al escepticismo, tuvo que rechazar que exista un acuerdo político entre el gobierno de Arturo Núñez Jiménez y la administración federal, encabezada por Enrique Peña Nieto, para encarcelar a Granier Melo.

Para amortiguar los efectos de la reclusión, desde que se entregó a la PGR, Granier ha hecho cosas que no se ven en el ciudadano común castigado por la ley, como insistir en que está mal de salud. De hecho, durante un momento de la diligencia de ayer en el reclusorio Oriente, pidió permiso para tomarse una pastilla, siempre asistido por un paramédico.

Lo que parece notorio es que Granier ha seguido una ruta errática para tratar de evadir la persecución judicial. Primero, le avisaron en Estados Unidos que su visa ya vencía y que lo se la iban a renovar. Luego pareció buscar refugio en la Seido, antes que ir a parar a la procuraduría de Tabasco, pero resultó ser un clavo ardiente. Y el último agujero al que acudió fue al de un hospital del que finalmente fue repudiado.

Su defensa tiene fama de efectiva, y esa quizá sea su última apuesta. Ojalá que las argucias le fallen

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