¿Democracia pactada?

Análisis A Fondo

¿Kiko, concertado en lo oscurito?

Había que salvar al Pacto, dicen

Jorge Anaya, el espléndido inventor de En resumidos cuentos y agudo, y sarcástico crítico del idioma español y de la clase política, y de todo lo que huela a melilotismo, me dijo ayer, cuando se supo que el Programa de Resultados Electorales Preliminares estaba dando como seguro ganador a Kilo en Tijuana: “Lo que en Los Pinos se pacta no se deshace en las urnas.”

Este escribidor no quiere creer, por ningún motivo, que el poeta de los enredos literarios tenga razón en su juicio. Sin embargo, lo que rumorea el vulgo generalmente tiene su fundamento en la neta, o en una parte de ésta.

Durante toda la campaña electoral corrió, en los círculos del chismorreo, la conseja, devenida en convicción, que una vez deshecho el Partido Acción Nacional por su fenomenal derrumbe en las elecciones del 6 de julio de 2012, y por la crisis interna, magnificada por la guerra intestina de su grupo de senadores, el presidente Peña Nieto necesitaba del partido albiceleste para que no se desconchinflara el Pacto por México, y que por ello había pactado, como ocurrió en 1989 con Ernesto Rufo Appel –el primer gobernador panista en la historia- y Carlos Salinas de Gortari, dejar en las manos de los albicelestes la gubernatura de Baja California.

En Baja, como le dicen los marines de California, hierve un descontento generalizado con las administraciones panistas, que se tendría que haber hecho evidente en la jornada electoral de este domingo. Pero ganó el PAN para quedarse en la gubernatura por lo menos otros seis años, luego de 24 de usufrutuar el poder que el doctor César Camacho Quiroz, el mandamás del PRI, soñó por un momento, y lo proclamó a los cuatro vientos la noche del domingo, que retornaría a las manos del PRI.

Además, ocurrió un error aritmético en el manejo de las ecuaciones del Programa de Resultados Electorales Preliminares, que atizó el escepticismo en el respetable – no casaban los porcentajes con los números reales –, hecho misterioso que fortaleció la convicción popular de que si hubo mano negra en el conteo de los votos. De que sí hubo pacto en lo oscurito para salvar al Pacto.

Y es que los panistas, encabezados por su dirigente, de revolucionario apellido, Gustavo Madero, habían estado jugando con el petate del muerto de que el gobierno priísta de Peña Nieto estaba poniendo en riesgo la viabilidad del Pacto por México con una serie de intervenciones, no probadas, para comprar votos a favor de los candidatos del tricolor, lo cual llevó a firmar aquel Adendum al Pacto- ¿Sabrá el vulgo qué significa ese latinajo de leguleyo, de huizachero, que sólo se encuentra en los diccionarios Latín-Español, Español-Latín?- para “blindar” las elecciones celebradas en 14 estados de la federación mexicana y en un distrito sonorense.

Era obvio, y aún están convencidos los críticos, que Baja California seguiría siendo gobernada por Acción Nacional. La presencia del dirigente de ese partido es fundamental en el Consejo Rector del Pacto por México, sea quien fuere si es que Madero es echado a patadas por los calderonistas del búnquer de la Colonia del Valle, un espectacular edificio construido cuando el PAN se hizo gobierno con Fox Quezada en la Presidencia de la República.

El escribidor no comparte la conseja, pero es de los que piensan que, cuando el río suena es que arrastra aguas pesadas. Sería bueno que el mismo presidente Peña Nieto desmintiera a las multitudes seguras de que Baja California volvió a negociarse en lo oscurito. Sólo que ahora al negocio no se le llama concertacesión.

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