Encuentro de dos Mundos

Roberto Ramírez Rodríguez
A simple vista el planeta Marte parece una estrella fija de color rojo. Hace algunas décadas, la gente le decía el planeta rojo; afirmaba que ese reflejo maravilloso se debía a los enormes y hermosos mantos de flores rojas sembrados en el suelo del planeta.
     En la mitología romana Marte era el dios de la guerra, hijo de Júpiter. Se le representaba como un guerrero con armadura; su símbolo era el pájaro carpintero. Sin embargo, lo que siempre ha llamado la atención a los que escudriñan el cielo es ver en el planeta unas líneas paralelas que parecen canales.
 De hace algunas décadas a la fecha todo lo extraño que aparecía en el firmamento, incluyendo los ovnis, provenían de Marte. Eso han dicho los que le han cantado a los marcianos en películas, leyendas y libros.
 En 1938, una radiodifusora de Estados Unidos adaptó la novela de ficción, La guerra de los mundos, para que el artista Orson Welles la dramatizara. Fue tan realista la narración que causó alarma general entre la población de ese país: la gente pensó que la Tierra estaba siendo invadida por agresivos marcianos.
 Los sabios mayas y aztecas, que no quitaban la mirada al Sol, la Luna, el Universo y los planetas, estaban ciertos de que la humanidad pasaría a un mundo desconocido porque la Tierra sería destruida por el fuego, retumbar del cielo y la energía solar que atemoriza a la gente.
  Sin embargo, hoy día, en nuestro mundo, habitado por miles de millones de gente, ya nadie se detiene para observar las rosas rojas del planeta rojo, ni cuenta leyendas del pájaro carpintero. Ya no interesa ver los canales de Marte en una noche estrellada. Al contrario, gran parte de la humanidad está ocupada buscando un trabajo o cuidándose en la calle del atraco de un ladrón. No obstante, sigue temerosa de la luz de los relámpagos, resonar de los truenos y la caída de las tempestades.
  El avance de la ciencia y la tecnología llevó a la humanidad a la conquista del espacio. Envió satélites tripulados a la Luna y los astronautas se posaron en su suelo. Otros viajantes del espacio pasaron cerca de los planetas, no los perdieron de vista y enviaron señales de lo que veían desde su distancia infinita; al pasar cerca de Marte sólo vieron un planeta áspero, sin agua ni rastros de vida.
  Sin embargo, últimamente, algunos estudiosos del Universo han lanzado una teoría que ha sido acogida con beneplácito, incluso por científicos: en Marte, hace muchos milenios, hubo una civilización avanzada. Sus habitantes estaban dedicados al estudio, trabajo y el avance de la ciencia y la tecnología. Había admirables ríos, lagos, mares y una selva impenetrable de árboles frondosos. La superficie del planeta estaba llena de grandes industrias, negocios y vías de comunicación; pero, por su gran desarrollo industrial hubo en el cielo un tremendo choque de gases buenos y malos.
 La colisión, fue provocada por una chispa ocasional proveniente del sol. El planeta se incendió. La capa de la atmósfera se rompió y todo murió. Los edificios se derrumbaron. Los ríos y lagos, de tanto calor que producían las llamas, hirvieron hasta consumirse. La humanidad murió angustiosamente por el respirar profundo del aire contaminado. Sin atmósfera, los rayos del sol entraron libremente al planeta y quemaron todo. Antes de que Marte se consumiera por la tragedia el sistema político y económico dominante en el planeta había fracasado: un abismo dividía a los pocos ricos y muchos pobres.  Afloraba pobreza, abandono e inseguridad. Brotó la soledad.
  Con el brutal estallido, los pocos que se salvaron, los más poderosos del planeta, corrieron a sus refugios y partieron en naves interplanetarias rumbo a la Tierra, el planeta más cercano a ellos, virgen y observado por los astrónomos marcianos durante mucho tiempo. Lo primero que hicieron los ensoberbecidos viajeros del espacio al llegar a tierras desconocidas, fue aplicar sus conocimientos científicos e instauraron el mismo sistema político y económico fundado en Marte.
   Las culturas indígenas de México, en especial los mayas, sabían que el hombre no sería eterno porque un día no muy lejano las largas lenguas del sol lamerían todo lo que está sobre la faz de la Tierra hasta extinguirla, dejarla seca como la tierra seca. Desde luego, ese día aún no ha llegado pero, decían nuestros abuelos, hay una coincidencia para pensar que puede suceder: todo lo que empieza termina, o todo principio tiene un fin. Ley precisa de la Naturaleza. Así ha sido desde el inicio del mundo y así será hasta el final de los tiempos.
       Como en Marte, nuestro planeta vive actualmente una etapa invadida por la soledad. Los gobernantes, eufóricos por los negocios, han provocado un desorden económico y político inacabable en la humanidad. Humanidad que ha empobrecido y está envuelta en la sentencia de un mundo global impuesto por un imperio comercial que se ha mantenido desde siempre, desde que llegaron las naves tripuladas de Marte a fundar la Tierra.
      Con la tesis de los estudiosos renacen las eternas preguntas sin respuesta de la humanidad: ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos?
     

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.