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México ante el mundo: Retos y desafíos

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OPINIÓN

*POR JORGE NUÑO

• El mundo ve nubes negras que pueden amenazar los buenos principios de amistad, basados en el respeto e igualdad de derechos y en la libre autodeterminación de los pueblos

A raíz de los inesperados resultados electorales, en los comicios de Estados Unidos ha surgido un fenómeno igualmente inesperado que ha preocupado, no sólo a nuestra República, sino a todo el mundo, por las implicaciones y escenarios de una nueva época de incertidumbre que nos dibuja un panorama de agresiones unilaterales que podrían perjudicar a la concordia internacional basada en la razón, la ética y la justicia.

Desde el siglo pasado, después de la Segunda Guerra Mundial, nació la Organización de las Naciones Unidas, foro para encontrar las naciones amantes de la paz, un código de conducta para la cooperación, la paz y la seguridad fundadas en el desarrollo y la concordia.

La Carta de San Francisco fue firmada el 26 de junio de 1945, la cual entró en vigor en octubre de ese mismo año, en la que participó activamente México.

Los propósitos fundamentales de la Carta de la ONU eran preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra y de otras calamidades que la humanidad había sufrido. Especial énfasis se puso en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad de la persona humana, la igualdad de derechos de hombres y mujeres y el respeto de naciones poderosas a las naciones pequeñas.

La unidad en las fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales fue establecida mediante la aceptación del respeto mutuo, evitando la amenaza o el uso de la fuerza unilateralmente.

Con la cooperación internacional para el mantenimiento de la paz, medida colectiva para prevenir y suprimir actos de agresión u otros quebrantos, se apostó al diálogo y por los medios pacíficos.

Hoy vemos nubes negras que pueden amenazar los buenos principios de amistad, basados en el respeto, e igualdad de derechos, y la libre autodeterminación de los pueblos, que podrían alterar la buena voluntad basada en el diálogo para resolver los problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, respeto a los derechos humanos y a las diferencias de raza, idioma o religión.

Actualmente vemos algunos cambios discursivos fundados en una retórica antimexicana orquestando una campaña de odio y rencor que a nadie beneficia y que causa una profunda preocupación y diversas reacciones en varios sectores de la economía y de la población en general.

Las reacciones no se han hecho esperar en diversas partes del mundo, especialmente en nuestro país, que siempre ha apostado a la cooperación y al diálogo, para la resolución de las diferencias, en la negociación de nuestras controversias, en el respeto mutuo, que es el camino que nos enseñó el Benemérito de las Américas, don Benito Juárez, especial amigo del presidente Lincoln, quienes pensaron a futuro que “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Los miedos, temores y sustos que han surgido actualmente no son gratuitos, puesto que nos dibujan un panorama de una crisis internacional económica, muy profunda, que atraviesa el mundo, en la cual no hay discusión. El marco de referencia se da en una descomposición de los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza.

Hay muchas personas que piensan que se trata de un ciclo más de una crisis del modelo económico; sin embargo, nosotros pensamos que es mucho más que eso, es una crisis de toda la estructura moral, social y ética de los factores de la producción que no tienen un rostro humano y donde impera el egoísmo.

No es una crisis coyuntural, que pueda remediarse con paños calientes o paliativos; requiere de una revisión a fondo de los derechos y deberes económicos de todos los Estados, de la comunidad internacional, amante de la paz, que tenga como base un nuevo código de conducta y obligaciones fundamentados en principios de respeto, equidad y justicia de la economía internacional, evitando así la polarización de la economía.

El 12 de diciembre de 1976, la Organización de las Naciones Unidas, en una histórica asamblea, aprobó la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, después de que especialistas de más de 40 naciones realizaran recomendaciones a este alto órgano para la paz, para encontrar un camino de entendimiento y resolución de las controversias económicas internacionales basadas en la cooperación, la justicia y el desarrollo.

El documento antes mencionado sigue vigente y contiene la última llamada para la paz, fundada en principios de las relaciones económicas internacionales, nutrida con las fórmulas necesarias para la defensa de la soberanía, el respeto a la integridad territorial e independencia de los Estados miembros, con una fe plena en la igualdad soberana, respeto a soberanías, no agresión, no intervención, beneficio mutuo y equitativo, coexistencia pacífica, igualdad de derechos y la libre autodeterminación de los pueblos, resolución pacífica de sus controversias basada en la buena fe, sin recurrir a la amenaza, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales del hombre, fomento a la justicia social internacional, y libre acceso a las grandes riquezas marítimas y oceánicas para países que no tienen litoral.

Nos encontramos al inicio de una gigantesca crisis general de los sistemas económicos y sociales; los hombres y las naciones deberán buscar en los más nobles sentimientos para la paz y el desarrollo una nueva convivencia de concordia y armonía internacional basada en las enormes riquezas del capital humano, del conocimiento para la solución de necesidades humanas y no sólo del mercado, el cual obedece a principios de codicia, el despojo y la estulticia.

 

*DIRECTOR GENERAL DEL CENTRO DE ESTUDIOS ECONÓMICOS Y SOCIALES DEL TERCER MUNDO

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