Rosas rojas colgando de los Balcones de las Ciudades

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Roberto Ramírez Rodríguez

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En este mundo violento lleno de muchos pobres y pocos ricos, donde impera el brutal comercio y se encarecen sin control productos alimenticios, ha despertado interés, entre científicos, el estudio del origen y el estado actual de los jardines colgantes de épocas antiguas, donde florecían árboles frutales y flores hermosas de aromas increíbles, que nacían sin tocar tierra. Hoy día, estos estudiosos, han dejado de ver las siembras del pasado como un mito; es decir, levantar cosechas de verduras y jardines, donde se utilizó agua con nutrientes químicos en lugar de tierra, es actualmente una realidad indispensable para la humanidad.

Este sistema de la agricultura, llamado hidroponía, fue aplicado en la ciudad de Babilonia, en sus famosos Jardines Colgantes que tuvieron auge en el año 382, antes de Cristo. Esta maravilla, una de las siete del mundo de un pretérito lejano, ha sido considerada como el primer cultivo con agua, químicos y arena, del que la humanidad tenga conocimiento.

Históricamente la ciudad de Babilonia ha servido de inspiración para múltiples escritos, leyendas y también para emularla en los proyectos de otros poblados. Era tan hermosa la ciudad que el mito de su belleza y su poder llegó a oídos de Alejandro Magno, donde residió un tiempo y murió. En esa época, la ciudad se distinguía por la belleza de sus flores y agradables aromas sembradas en las terrazas de piedra de los edificios en forma escalonada; en esos y otros espacios de la ciudad se plantaban también árboles frutales, verduras y plantas exóticas, regadas a través de pozos colocados en lo alto de las explanadas. Sin embargo, la primera información escrita que se tiene sobre este sistema de siembras acuosas proviene de Jan Van Helmont, en el año 1600, que documentó su propia experiencia de sus sembradíos de plantas regadas con sustancias nutritivas.

En México, la civilización azteca fue la primera en el continente americano en usar eficientemente este sistema, sin embargo, algunos historiadores afirman que esta cultura fue la primera en desarrollarla en el mundo a través de chinampas sobre la superficie del lago de Texcoco que, al paso de los años, se convirtió en la Ciudad de México.

Pero esta historia se ha olvidado; el paso del tiempo, la pérdida de memoria ante el desmedido crecimiento demográfico del mundo y el excesivo comercio impulsado por el capitalismo, se han encargado de borrarla de la mente de la gente. Así, entonces, entre la desmemoria de los pueblos y el extraviado camino del progreso de la humanidad que impidió el seguimiento y modernización de este sistema agrícola, llegó la insólita pobreza que invadió a la humanidad.

Esta situación de pobreza, tristeza y abandono, apremió a varios científicos del mundo a retomar los pasos del estudio de esta olvidada práctica de sembradíos; es más, actualmente, ha sido considerada por algunos gobiernos como una indispensable técnica agrícola para resolver el problema de la falta de alimentos en el orbe. Han ido más allá: han propusieron que esta antigua producción alimenticia se aplique en la era espacial y de los viajes interplanetarios, en la cual vivimos. Además, al tratar de modernizar los conocimientos, los estudiosos afirmaron estar cerca del día de hacer florecer las ciudades cercanas a los desiertos y los lagos del planeta, como parte de la solución del grave problema de la escasez de alimentos en esas regiones. A las extensas superficies de arena sólo les faltaría su noria; movidas sus aspas por el viento mientras extraen agua.

Los diseños de urbanistas y proyectistas han coincidido en que los diseños de los espacios, productores de plantas y arbustos, deben ser elevadas torres. Fue, partir del año 2000, cuando se tomó esta determinación: aplicar la hidroponía en las torres, pero, los cultivos sobre la tierra, los agricultores podrían sembrar directamente sus siembras tradicionales. Desde luego, este planteamiento aumentaría la superficie cultivable. Las torres reducirían, de manera considerable, los costos de transporte al tener cerca a los consumidores de las granjas verticales y los costos de ejecución se bajarían ante la ausencia de intermediarios comerciales. Por otro lado, pesticidas, herbicidas y otros químicos, dejarían de ser necesarios, lo que haría al producto más económico y ecológico.

Han calculado que una granja vertical de 15 pisos podría alimentar a más de 5 mil habitantes. Sin embargo, los estudiosos más entendidos en esta materia han propuesto construir muchas torres, como las ciudades famosas del mundo, con los servicios urbanos que tiene una ciudad, capaz de alimentar a varias poblaciones.

En esa forma, si los proyectos llegaran a cristalizar, los moradores de las ciudades distinguirían, antes de llegar a su hogar, un campo tradicional inundado de verde, altas torres repletas de verduras colgando de las azoteas y una ciudad en plena algarabía. Sería una vista espectacular parecida a la que vio Don Quijote durante sus andanzas, cuando confundió graneros con gigantes y las aspas de los molinos con sus lanzas.

Sin embargo, la imaginación popular nos dice que si no hubiera presupuestos para levantar torres podríamos, a través de la hidroponía, sembrar verduras y flores en los camellones abandonados de los poblados, en los abandonados techos de los edificios, en los sucios jardines de las escuelas o en los olvidados balcones de las casas que nadie usa y ni siquiera se asoma, y así, al levantar esas cosechas, podríamos mitigar el hambre de las clases sociales más necesitadas del país y ver en la ciudad, rosas rojas colgando de los balcones de las ciudades.

          

 

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